- Te quiero.
- Sí... te quiero. Mucho. - repitió él.
- ¿Me quieres? ¿Qué dices? ¿Por qué dices eso? ¿Cómo sabes que me quieres?
- No sé... te he cogido cariño, me siento bien a tu lado, me encanta hablar contigo, estar contigo...
- Me alegro, porque yo también me siento bien estando contigo.
Él mostró una leve sonrisa. Ella siguió diciéndole...
- A mí también me gusta hablar contigo, reír contigo... compartir momentos, y por supuesto, en ese sentido también te quiero.
- Pero... ¿sientes algo por mí?
- Claro. Amistad, cariño, confianza...
- Yo me he enamorado de ti... - se atrevió a decirle él, con unos ojos brillantes, mirando los suyos.
- No. No es así. No has podido enamorarte de mí.
- Sí. Lo he hecho. Me encantas...
-
No. Eso no es amor. Puede que te guste, puede que lo pasemos bien
cuando estamos juntos, que te sientas bien conmigo, pero no tiene por
qué ser amor.
- No sé si es amor o no... Lo que sí sé es que te quiero...
-
Y saberlo me hace sentir bien, y te agradezco que me lo hayas dicho. Yo
también te quiero, de verdad, pero no siento nada más allá del cariño
que hemos compartido hasta ahora.
Él bajó la mirada. - Lo siento... - se disculpó ella.
- Nada. No te preocupes. Es culpa mía. He vuelto a confundir sentimientos, y a encapricharme de una amiga a la que quiero mucho.
Al decir esto, se rompió la capa que sostenía sus lágrimas, y estas brotaron sin control.
-
J... lo siento. No quiero que te sientas mal. No quiero que sufras por
mí... - le dijo ella, pues no quería hacerle daño -. Míralo de este
modo: ahora ya me lo has dicho, ya conozco tus sentimientos, y no podrás
arrepentirte de no haberlos expresado nunca. No tienes que sentirte
mal, ni avergonzado, pues es algo bonito. Y quiero que sepas que aquí
seguirás teniendo a la misma amiga que hasta ahora.
- Gracias... - dijo -
Ella,
entendiendo cómo se sentía, le dio un largo abrazo, posiblemente el
primero desde que se conocían, y luego le besó en la mejilla.
- Eres un encanto...
Fueron
las últimas palabras que ella pronunció, con una gran sonrisa, para
cerrar ese momento tan especial para él, mientras le daba la espalda y
se marchaba, como dejando el escenario tras la escena final de una
función teatral..
Quizá ese momento no había sido más que un
sueño, pues, en la realidad, las muestras de un amor no compartido se
convierten en burlas, desprecios, vejaciones hacia quienes intentan
expresar sentimientos.
O quizá realmente tenía una amiga que valía
la pena, alguien especial que lo entendía, comprendía su sentimiento y,
a su modo, lo quería.
Deseaba que así fuese.
No sabía qué le deparaba el mañana, pero sí lo que no iba a suceder..
Un sueño menos que intentar hacer realidad.♥

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