27 dic 2012

No sabes cuánto te extrañé


Es uno de esos días en los que no tengo muchas cosas que hacer, situación que me resulta un poco extraña pues ya son varios meses en los que hasta mi mente siempre se encuentra entre células, hormonas, ADN, y otras miles de cosas que debo aprender.Admito que fue un día muy extraño, diferente y especial, todo parecía ir a un ritmo que a mi parecer era lento, lo que no significaba que hubiese sido aburrido, por el contrario fue un día maravilloso, sentía mucho más todo lo que sucedía a mi alrededor, detalles alegraron mi día, desde un simple buen tráfico en las horas de la mañana, un saludo de ese compañero que te hace reír durante muchas horas con los tantos comentarios que suele hacer en las clases; hasta una sonrisa, un beso, un abrazo, un te quiero, un te extraño o un te pienso que te hacen sentir mejor.

Hace frio, ya se empieza a asomar la Luna y con ella la lluvia que seguramente cubrirá la ciudad mientras conciliamos nuestros sueños. Al llegar a casa después de una larga jornada de estudio como es de costumbre te cuelas en mis pensamientos (y no hay día que no sea así).Estoy allí sentada en la pequeña silla que se encuentra justo al lado de mi habitación, en el balcón donde solíamos pasar noches enteras contemplando las estrellas y pidiendo deseos a los luceros. 

A mi mente llegan muchos recuerdos de ti, como tu ojos, esos que se cruzaban con mi mirada en las pequeñas reuniones en las que no nos podíamos ni acercar por el temor de que mis padres nos descubrieran; tus manos, que solían mantener fuertemente las mías mientras caminábamos por horas hablando sobre todo lo que habíamos hecho y diciéndonos tantas cosas bonitas que se nos ocurrían, disfrutando de un buen helado y una sonrisa cuando me dabas un abrazo, un beso y hasta un mordisco o simplemente cuando te consentía. Compartimos muchas cosas juntos, que no me atrevo a nombrar todas pues sé que escribiría hasta un libro con todas nuestras vivencias. Tú, más que ser esa persona especial para mí, eras un gran amigo, disfrutamos de miles de experiencias, buenas o malas que nos llegaron a unir mucho más y nos hicieron más fuertes. Pero nada es para siempre; fuimos creciendo, poco a poco adquiriendo muchas más responsabilidades, te graduaste y te fuiste a estudiar a otra ciudad, prometimos no dejar que todos esos millones de kilómetros nos separaran, pero fue imposible. En un principio no había día en el que no habláramos, con el paso del tiempo todo fue cambiando y hablábamos una o dos veces al mes y resultaba algo incomodo pues tu ya tenias nuevos amigos y en especial esa niña de la que tanto me hablabas, recuerdo que decías que se parecía mucho a mí; físicamente en sus ojos, cabello y labios; y en ciertos hábitos como el consentirte, comer mucho chocolate y hasta en el tipo de música que escuchaba; me contabas como compartías con ella tanto tiempo y tantas cosas; a pesar de que me decías que nunca nadie cambiaría lo que sentías por mi yo sentía que te arrancaban de mi ser, me dedique a escucharte y a responderte todos los correos en los que me contabas sobre como la pasabas de bien. Cuando ambos coincidíamos en las horas en las que nos conectábamos por alguna razón, aunque insistías, muchas veces inventaba excusas para evitar verte por cámara o hablar pues se que notarias mis celos y la tristeza que me daba cuando sentía que te olvidabas de todo lo que compartíamos y de todo lo que yo significaba para ti.
Hoy sin ningún aviso regresaste y que gran sorpresa me lleve cuando te apareciste en la puerta de mi casa con una guitarra tocando esa canción que sabías tanto me gustaba. -“Tengo ganas, tengo tiempo y mil canciones que cantarte, más hoy tengo tu llegada y mi mano voy a darte”- escuche a lo lejos, y baje cuanto más rápido pude pues sabía que eras tú quien se encontraba allí. Cuando te vi, corrí a darte un gran abrazo y tú, sin temor me correspondiste, tomaste mi mano y como si nada me besaste y me dijiste –No sabes cuánto te extrañé-.

No hay comentarios:

Publicar un comentario